Qué sencillo ese segundocuando desaté tus labios.
Qué suave carne rosa
deseosa se humedece.
Qué mirada al techo
protector de ensueños.
Qué rutina la de ese ángel
velador de tus hombros.
Qué distancia tan breve
entre el ansia y tu boca.
Qué resaca para luego
cuando la puerta y la lluvia.
Qué final para la noche,
qué principio para el día.
Qué dulzura queda al alba
entre los restos de tu beso.


