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EN ESE TIEMPO

jueves, 21 de enero de 2010 en 20:00:00

En ese tiempo yo no me esperaba,
había partido, pero sin caminos,
puse un pie en la espera y el otro fingió el paso
como si tratara de creer que amanecería.

Me recuerdo en una tarde,
una de esas tardes que no dejan de serlo nunca,
con los ojos hinchados
y las manos tratando de conciliar el sueño
de mis dedos insomnes
que buscaban una piedra, la primera,
para tallar con las uñas su olvidada huella.

Me recuerdo también habitando un planeta
tan pequeño que no tenía horizontes,
y yo me sentaba sobre sus volcanes
para ver pasar la silueta de nadie.

En ese tiempo había que llorar,
más no había tierra ni para las lágrimas
que anegaron el único corazón disponible:
el mío, ese corazón saturado de latidos,
poseído por los demonios
de mis jóvenes vértebras.

En ese tiempo yo aprendí a respirar sombras,
a beber el agua de las hojas secas
y me alimentaba del néctar de mis tumbas.

En ese tiempo, luego de mucha sangre recorrida,
encontré mi piedra, la primera,
la arrojé tan lejos que perdí la muerte
y fue a caer allá, de repente,
sin que fuera un sueño, junto al horizonte.

LA SALA ESTÁ DESIERTA

viernes, 15 de enero de 2010 en 20:00:00

La sala está desierta y las puertas están cerradas.
Después de esto hay un mundo que siempre busca algo,
quiere algo y por eso devora interminablemente
masticando sueños en todas las esquinas.
La sala está desierta, pero no tanto
porque aquí estoy yo sentado, mirando un aparato
por donde entran señales de colores
que dejan intactos mis sentidos,
pero masacran lo que creí que eran mis manos.
Yo estoy solo en un lugar desierto como mi propia sala,
mi propia casa es un sitio
para incinerar un cuerpo como el tuyo,
ese cuerpo tan presto antes y tan lejano ahora,
ese cuerpo con ese rostro y esos muslos tan inmensos,
pero tú eres lo de menos esta tarde desde que te fuiste;
esta tarde mi sala esta desierta y el fuego arde
esperando a que le arroje todo lo que duele
y yo soy lo que duele, lo que estorba en esta sala desierta.
Cierro los ojos y lo de menos vuelve replicando el almanaque,
haciendo trizas la oscuridad de mis párpados
que se abren recurriendo al sonido de las sombras,
a lo absurdo de mis manos acariciando la inexistencia,
al tiempo que no pasa, al fuego que no abraza.
La sala está desierta y las puertas están cerradas.

SOLEDAD

viernes, 27 de noviembre de 2009 en 20:00:00

La soledad está tan llena de estos días
que me remuerde un poco llamarla soledad.
La miro a los ojos, esos ojos claros de nubes
que sostienen un cielo que oculta las palabras
porque el azul intenso me ensordece.

Cautivo soy ahora de un placer insólito
que se mofa impertinente de posibles compañías.
Estar solo, solo, solo, es un hábito en la piel
de la agonía lúcida que se apaña el tiempo,
un buen hábito, por cierto, una buena hoguera.

Cerrar la puerta y olvidarse de todos los caminos,
sentir que todas las preguntas tienen una sola respuesta
que acaba pronunciando mi nombre sin maletas,
sin nada que llevarse al próximo minuto.
Sólo yo antes, ahora y después de siempre.

La soledad sólo tiene un riesgo:
a veces el enemigo asecha la suya propia
en la perpetua frialdad de los espejos.

LUZ Y SOMBRA

domingo, 23 de agosto de 2009 en 0:13:00



Si ves que en silencio pasa y no te nombra


la vida con sus cúspides y abismos,


pudiera parecer que no es lo mismo:


el sol hace la luz y hace la sombra.

CUANDO ELLA VIENE.

lunes, 3 de agosto de 2009 en 10:39:00
No me es posible estar solo. Cuando creo haberme librado de todas las personas y todos los personajes que habitan este mundo, siempre aparece ella mirándome con los ojos fríos del espejo y lo malo es que sus ojos no mienten.

Me quedo desnudo, tan desnudo que ni la piel me sirve para cubrirme. Ahí estoy frente a ella sin poder esconder nada y ¡vaya que lo intento a veces!; pero es en vano. Ella puede verlo todo en mí y me recuerda que eso que me dice es exactamente lo que soy.


Frente a ella me quedo sin armas, sin pueriles excusas, sin sofisticados y bien fingidos argumentos. Frente a ella soy tan escueto que sólo mi sombra me sirve para demostrar que existe la luz. Frente a ella la vida ocurre diferente, sin tapujos, sin falsas esperanzas. Frente a ella soy simplemente yo.


A veces confieso que me asusta cuando me muestra tal cual soy, hermoso, sí, pero con grietas profundas. Pongo sobre la mesa mis fortunas y mis miserias y las contemplo, con orgullo a unas y con desprecio a las otras, pero finalmente, fortunas o miserias son todas tan mías que el orgullo y el desprecio no son más que formas de mirar, modos de conseguir la síntesis de lo que guarda mi alma en un cofre que es sólo para mi... y para ella cuando viene a visitarme.


Ella está siempre a mi lado, me persigue, pero logro ocultármele en presencia de extraños. Es entonces cuando aprovecho y me pongo el disfraz de las circunstancias, por que, siempre uno se parece a las circunstancias, sobre todo ante aquellas miradas que se conforman con tan poco, que unicamente pueden ver lo que está a la vista y nada más.


Pero cuando no hay extraños ella viene y me recuerda lo que finjo olvidar para mantenerme a salvo de mí mismo. ¿Necesito estar a salvo de mí?... a veces sí. Desde siempre he sido mi peor enemigo y entablo un duelo a muerte en el que no se distinguen ni la victoria ni la derrota. Ella me pone frente a todos los caminos posibles y también me muestra mis miedos para que yo pueda elegir.


Cuando ella llega, mi primera reacción es de reclamo, porque a ella no se le olvida nada, habita mi memoria como dueña y señora de mi tiempo, pero, a medida que las horas pasan, nos reconciliamos y empiezo a necesitarla, la poseo y me posee: nos amamos.


Los días pasan y ella suele tardar en volver. Por momentos puedo verla si cierro los ojos, pero cuando los abro se diluye en la realidad, porque ella vive ahí, en el aire, en la luz y en las tinieblas, en el silencio y los sonidos, en las endijas de la vida.
Por eso, aunque se demore, aunque le temo, la espero y sé que siempre va a volver mi amada, mi compañera: mi bendita soledad.

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