
Hay frío…
Mis nudillos se rehúsan a la puerta
porque saben que hoy le temo
a tu boca de pequeños labios
y afilados cuchillos.
Hay frío…
La madera nos separa
protegiéndome, quizás…
Mis nudillos se deciden
y los golpes suenan lerdos…
se oyen tus pasos detrás.
Hay frío…
Aparecen los vientos de tu mirada
y mi veleta enamorada enloquece.
Hay frío…
y al sur de tu semblante
asoma una sonrisa
que tu boca asesina rompe
con un “adiós para siempre”
pletórico y mortal.
Hay frío…
Mis oídos se resignan
tras el exacto silencio
y mis ojos te preguntan:
¿cómo has podido poner
todo el invierno en tu voz?
Mis nudillos se rehúsan a la puerta
porque saben que hoy le temo
a tu boca de pequeños labios
y afilados cuchillos.
Hay frío…
La madera nos separa
protegiéndome, quizás…
Mis nudillos se deciden
y los golpes suenan lerdos…
se oyen tus pasos detrás.
Hay frío…
Aparecen los vientos de tu mirada
y mi veleta enamorada enloquece.
Hay frío…
y al sur de tu semblante
asoma una sonrisa
que tu boca asesina rompe
con un “adiós para siempre”
pletórico y mortal.
Hay frío…
Mis oídos se resignan
tras el exacto silencio
y mis ojos te preguntan:
¿cómo has podido poner
todo el invierno en tu voz?

